domingo, 10 de octubre de 2010

Cuatro rosas blancas

Paso por el parque camino a casa. Sentada en una silla de ruedas al pie de los centenarios pinos, sonríe una señora delgada, pequeñita; rondará  los noventa años.

Vestido negro, recogido de cabello plata, piel arrugada y ojos azules que se adivinan tras las gafas.
Sobre las manos temblorosas tres rosas blancas.

A su lado, una joven dinámica y gruesa, tararea una nana mientras le arregla algo sobre el pecho. Le habla con cariño y alegría. “Ya verá señora, ya verá que guapa queda”.
Paso por delante y los ojos se me van a sus manos. Le está prendiendo la cuarta rosa en el chal negro. La señora sonríe orgullosa y me saluda. Le digo que está muy guapa y continuo mi camino

Qué grandes estas jóvenes que cuidan a nuestros mayores.
Olvidan sus penas, aparcan sus preocupaciones y se dedican con cariño y alegría a los más  mayores.
Qué grandes

4 comentarios:

  1. Sí... Es un testimonio muy bonito.

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  2. Hola. Lo narras, lo vivo.3 jóvenes del rosal de la Virgen. Gracias.

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  3. Hola Miriam! realmente es una actitud digna de admiración.
    Hermoso relato.

    Un beso!

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  4. Gracias a los tres por parar a contemplar juntos esa escena.
    Genial viernes¡¡¡

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