domingo, 1 de marzo de 2020

En el camino, sonrisa


La semana empezó mal, me desperté  con un dolor de cabeza importante. Y acabó peor. 

El lunes por la tarde, un poco antes de salir  del trabajo, me insinuaron que empezara a buscar otro empleo; era muy poco probable que pudieran renovarme el contrato a fin de mes. 

Al día siguiente, me levanté convencida de que en comparación con el día anterior, ese sería ideal.  Hace un mes Sol regresó de Milán, después de un año de estudios que se prorrogó hasta tres años completos de estudios y proyectos y le facilitó un buen trabajo a la vuelta. A Sol la conocí en la universidad y en dos días se convirtió en la amiga y compañera de aventuras universitarias. Compartimos estudios, grupos de amigos, fiestas, excursiones, debates más o menos acalorados, arrancamos nuevos proyectos, y siempre disfrutamos tanto de los éxitos como  de los fracasos. Ayer  me llamó Marcos. Pensé que quería hacer algo especial este fin de semana, cumplimos seis meses juntos  No era eso lo que quería decirme. Había decidido resituar las cosas, como quien cambia de sitio los muebles del salón. La amiga de la novia,  se convertía en enamorada y la novia pasaba a ser  amiga de la pareja. En el cambio, se quedó sin mi, aunque me parece que por ahora no le importa mucho. De hecho, para sus planes de verano, le irá mejor una novia con trabajo que una desempleada. 

El miércoles por la tarde cogí el coche para ir a recoger unos paquetes que entregar a mi abuela. Cinco minutos conduciendo y el coche de al lado me hace señales.... Una rueda pinchada. La mecánica del coche es algo que me supera; recuerdo que cuando se lo contaba a Marcos sonreía y con aire protector me aseguraba que ante cualquier problema le llamara. En estos seis meses nunca tuve problemas con el coche hasta hoy. He conseguido llegar a una gasolinera en donde se han ofrecido a cambiarme la rueda a cambio de una buena propina. 

Jueves, día que queda a mitad de semana, así que tenía lógica que fuera el momento en el que la semana empezara a ir bien.  Transcurrió el día con tranquilidad Al salir del trabajo me fuí directa a casa. No tenía que hacer recados, compras ni nada especial. Solo descansar en casa  Era difícil que se complicara ya el día. Abrir la puerta del piso y encontrarme con un riachuelo de agua. Seguir su cauce , me llevó a la cocina.  El congelador había quedado abierto  y durante las casi doce horas que he estado fuera de casa, se ha descongelado todo.  Entre lo que tenía congelado, unos bistecs calidad top, conseguidos por mi tía, que guardaba para celebrar el cumple de Marcos. También guardaba los helados de chocolate , que me trajo Sol de Milán.
 
El viernes era el día escogido para el simulacro de incendios en el trabajo. Bajar 18 pisos por la escalera y perder media hora en la calle, muerta de frío ,  hacer una cola de media hora en los ascensores para volver al trabajo. Probablemente mi último simulacro en la empresa. 

El sábado , dolor de gargantas y goteo de la nariz , principio de resfriado o gripe. Pocas ganas de consumir lo descongelado.
Ese sábado noche, antes de irme a dormir, pedí por favor, algo bueno el domingo. De todo lo maravilloso que me podía pasar, pedí ver una sonrisa... 

El domingo me levanté bien cansada, con un principio de gripe importante. Salí de casa para ir a Misa, me senté sola en un banco distante, ya que con mi mala suerte de la semana , solo me faltaba contagiar a alguien. Desde mi sitio, no alcanzaba a ver la cara de los feligreses , ni siquiera la del sacerdote. Me acerqué a comulgar, seria  No era mi intención contarle mis penas, pero solo eso me salía. Sin embargo a los diez minutos, algo en mí me convenció de que María, me sonreía. Pero yo había pedido ver una sonrisa, no me valía sentirla. 
Transcurrió la mañana, mediodía y la tarde. Ya de noche, a punto de ir a dormir, oí una ambulancia en la calle, y me asomé por la ventana para ver donde paraba. Siguió su camino, para girar en la esquina. La perdí de vista.  
Y allí detrás , sobre el perfil de los edificios, el cielo se vestía de noche. Celeste en su parte alta, degradando  al turquesa, azul, lila, índigo marino, gris... Sobre él, reluciente, segura,  la luna se dejaba ver , pero solo en parte. Dorada, preciosa, solo mostraba su sonrisa. Me sonreía. 
El alma se me llenó de chispas.  Los problemas se convirtieron en retos  
La semana no ha sido mala, Cada día ha sido un desafío. Un reto para valientes, para vivos ¡ 




1 comentario:

  1. Creo que fueron 2 sonrisas, la de la luna y la tuya al verla. Tal vez 3, la de Dios al verte sonreir. Espero que ésta semana veas y seas participe de más sonrisas.

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