Mostrando entradas con la etiqueta Pensamientos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pensamientos. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de enero de 2014

Actitud


Me encanta el ejemplo de jugar con las cartas
       
  Ver Clic --> Pausa


       

sábado, 7 de julio de 2012

No sé qué escribir

Hoy es sábado y no sé que escribir.

Y caigo en la cuenta de que hace mucho que no envío un abrazo

Así que aprovecho para enviaros una abrazo muy muy muy  fuerte, de esos espachurrantes que retuercen las orejas y tiran del pelo. De esos de los que huye mi sobrina cuando su padre se pone pesado ja ja ja
Eso sí, con mucho mucho cariño.

Y para dar las gracias a todos los que entráis, por primera y única vez o frecuentemente, con o sin comentarios. 
Agradeceros por hacer de este lugar un punto de encuentro, de intercambio de ideas y momentos.

En cierto sentido, una pequeña e-comunidad

Que tengáis buen fin de semana



martes, 22 de mayo de 2012

Buenas noches

Y mañana... más sorpresas, más aventuras.
Más horas nuevecitas, que  devolver desgastadas. 

Y  ¿más cariño?.
No, el mismo cariño
Porque no cabe más ternura ni más amor.



Canción para antes de ir a dormir
(me sonaba pero la descubrí de verdad  de la buena, en una entrada de  Déjame que te cuente  )

viernes, 11 de mayo de 2012

Elogio de la vida

Recibido por mail con el siguiente asunto :


"Mucho mejor que el discurso de Steve Jobs.

No se trata de hacer lo que amas sino de amar lo que haces. "


Elogio de la vida (Joan Maragall)
" Ama tu oficio,
tu vocación , tu estrella,
aquello para lo que sirves,
aquello en lo que realmente eres uno entre los hombres.

Esfuerzate en tu tarea como si de cada detalle que piensas,
de cada palabra que dices,
de cada pieza que pones,
de cada golpe de tu martillo,
dependiera la salvación de la humanidad.
Pues depende, créeme.

Si olvidado de ti mismo haces todo lo que puedes en tu trabajo,
haces más que un emperador que rige automáticamente sus estados;
 haces más que el que inventa teorías universales únicamente para satisfacer su vanidad,
haces más que el político, que el agitador, que el que gobierna.

El mundo se arreglaría el solo,
si todos cumplieran su deber con amor en su casa. "


     
                                       

jueves, 10 de mayo de 2012

De facebook y de jueves


Dos de facebook aplicadas al jueves y con comentario


Cuánto mejor te cae alguien,
más lejos vive

Comentario 
Verdad, verdad del todo, no es. 
Para más información, leer  De rodillas   )



Todos somos genios
Pero si juzgamos a un pez por su capacidad para trepar un árbol
pasará toda su vida creyendo que es un estúpido.

Comentario
Si la felicidad está en amar y ser amados
Si para eso todos tenemos capacidad 
(Quizás más para ser amados que para amar de verdad… pero si lo tuviéramos todo, sería muuu aburrido)

Entonces todos toditos somos genios
Y otro enlace    Tú lo sabes todo

¡Qué tengáis un genial jueves, genios!



Nota: Alguno hay por ahí, genio y figura, que cree que amar a una mujer implica permitir que  se cargue al chiquitín que necesita el cobijo temporal de su cuerpo.
Esos personajes, imagino que son  proyectos de genio que crecen torcidos, como deformados





sábado, 5 de mayo de 2012

Me dijeron...

(De facebook... no sé quien es el autor)



Me dijeron que para enamorarla,


tenía que hacerla reír.







Pero cada vez que ella ríe,


me enamoro yo.






miércoles, 11 de abril de 2012

La fusta

Con poquito tiempo para escribir, aprovecho para enlazar.
El libro, la biografía de M Antonieta,de Stefan Zweig, es de mis preferidos.
Me mostró  un  aspecto  más humano, para lo bueno y  para lo malo, de esta, más niña al principio, más  mujer al final.

Click -> la fusta de la desgracia



Y un trocito del libro, para que se vea que he trabajado algo ;O)


 
 
Capítulo 43
El último viaje

A las cinco de la mañana, mientras María Antonieta escribe todavía su última carta, tocan ya a llamada los tambores en todas las cuarenta y ocho secciones de París. A las siete está en pie toda la fuerza armada; cañones dispuestos a ser disparados cierran los puentes y las grandes calles; destacamentos de guardia atraviesan la ciudad con bayoneta calada; la caballería forma grandes filas... Un inmenso movimiento de soldados, y todo contra una única mujer que ella misma no quiere otra cosa sino llegar pronto al fin. Con frecuencia, la fuerza tiene más miedo de la víctima, que la víctima de la fuerza.
A las siete, la criada del carcelero se desliza silenciosamente en el calabozo. Sobre la mesa arden todavía las dos luces de cera; en el rincón está sentado el oficial de gendarmería, como una sombra vigilante. Al principio, Rosalía no ve a la reina; sólo después nota, toda espantada, que María Antonieta, completamente vestida de su negra ropa de viuda, está tendida en el lecho. No duerme. Sólo está fatigada y agotada por sus permanentes pérdidas de sangre.
La tierna aldeanita se aproxima temblorosa, conmovida por doble compasión: de la condenada a muerte y de su reina. «Señora -pronuncia sobrecogida al acercarse-, ayer por la noche no tomó usted ningún alimento, y casi nada durante el día. ¿Qué desea hoy por la mañana?» « Hija mía -le responde la reina sin levantarse-, ya no necesito nada; para mí está ya todo terminado.» Pero, como la muchacha le ofrezca de nuevo, insistentemente, una sopa que ha preparado especialmente para ella, acaba por decir, fatigada: « Bueno, Rosalía, tráigame usted el bouillon ». Toma algunas cucharadas; después, la muchachita la ayuda a cambiar de traje. Han recomendado a María Antonieta que no vaya al cadalso con la negra ropa de luto con que compareció ante los jueces: el llamativo traje de viuda podría excitar al pueblo. María Antonieta -¡qué le importa ahora un vestido!- no opone ninguna resistencia y decide llevar un ligero traje blanco de mañana.
Pero tampoco para esta última molestia le es ahorrada una última humillación. En todos estos días, la reina ha perdido sangre incesantemente; todas sus camisas están manchadas de ella. Por el natural deseo de recorrer corporalmente limpia su último camino, quiere cambiar ahora de camisa y ruega al oficial de gendarmes que está de guardia que se retire durante un momento. Pero el hombre, que tiene el severo encargo de no perderla de vista ni un segundo, declara que no le es permitido abandonar su puesto. Por tanto, se acurruca la reina en el estrecho espacio entre la cama y la pared, y mientras se cambia la camisa, la cocinera, compasiva, se coloca delante de ella para ocultar su desnudez. Pero ¿qué hacer con la ensangrentada camisa? Se avergüenza la mujer de dejar aquel lienzo maculado bajo la vista de aquel hombre desconocido, expuesto a las curiosas miradas de los que, pocas horas más tarde, deben venir para repartir la ropa de su pertenencia. Por tanto, la arrolla rápidamente en un pequeño envoltorio y lo introduce en un hueco que hay en el muro, detrás de la estufa.
Se viste entonces la reina con especial cuidado. Desde hace más de un año no ha vuelto a pisar la calle ni ha visto sobre su cabeza el cielo libre y dilatado: precisamente este último deseo debe hacerlo limpia y decentemente vestida; no es una vanidad femenina to que la determina a ello, sino el sentimiento de la dignidad en esta hora histórica.
Cuidadosamente se ajusta el blanco vestido mañanero, envuelve su cuello con un fichu de suave muselina, escoge sus mejores zapatos; oculta sus encanecidos cabellos con una cofia de dos volantes.
A las ocho llaman a la puerta. No, no es todavía el verdugo. No es más que el que le precede, el sacerdote; pero uno de esos que han prestado juramento a la República. La reina se niega cortésmente a confesarse con él; sólo reconoce como verdaderos servidores de Dios a los sacerdotes no juramentados, y, a la pregunta de si debe acompañarla en sus últimos pasos, responde con indiferencia: «Como usted quiera» .
Esta aparente indiferencia es, hasta cierto punto, el muro protector tras el cual prepara María Antonieta su energía para el último viaje. Cuando, a las diez de la mañana, entra el ejecutor Sansón, joven de estatura gigantesca, para cortarle los cabellos, deja tranquilamente que le ate las manos a la espalda y no opone ninguna resistencia La vida, ya lo sabe, no es posible salvarla; únicamente el honor. Pues ahora, ¡a no mostrar debilidad alguna delante de nadie! Sólo conservar la fortaleza y enseñar a todos los que desean verlo cómo muere una hija de María Teresa.
Hacia las once se abren las puertas de la Conserjería. Fuera está la carreta del verdugo, una especie de carro con adrales y al cual está enganchado un poderoso y pesado caballo.

miércoles, 4 de abril de 2012