Trabajan la madera, acarician al Niño, ayudan a María
Acogen al prójimo
Perdonan ofensas y sanan heridas.
Dan y no recuerdan.
Enseñan y aprenden.
Se cansan, se agotan, a veces casi ni duermen.
Sufren, ven sufrir, aman y sostienen
Espantan miedos, aseguran el camino
En Nazaret, en Belén, en Egipto, en Jerusalén.
Siempre rezan.
San José, de tu Niño todo lo puedes.
Sé nuestro guía en el camino,
y nunca nunca nunca nos dejes.