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viernes, 6 de abril de 2012

Operación "¿Vida?"

No he podido ni aullar.

Lo he visto colgado del madero.
Destrozado, apaleado, fustigado
Abandonado, azotado y humillado
Pisoteado
En su cuerpo. Y en su alma

Ese Señor, que mi instinto me dice que es El Señor
Soberano despreciado. Sin consuelo.

Desde allá arriba, clavado en la cruz, hace un esfuerzo  por abrir los ojos.
Por vencer la resistencia de la carne hinchada, de la sangre seca, de los músculos exhaustos.
De las espinas que de la corona cuelgan

Consigue abrirlos. Y mira a los hombres, ofreciendo todo el Amor que aun le queda.

Amor que es despreciado.
La mayor Ternura rechazada con crueles insultos o con dolorosa indiferencia

Su Madre, al pie de la Cruz.
Respira, y todo le duele. Porque su Niño cada vez respira menos.




Misión "Verde esperanza" Finalizada



Volvemos a casa. Al rodear el huerto, siento que algo terrible está  pasando. El aire huele a esencia de crimen y tortura, a soberbia e ira, a concentración de  forajidos, déspotas, tiranos y opresores.

Espero que a nadie de buena voluntad se le ocurra entrar en el huerto. Si esos asesinos están allí reunidos, sería terrible lo que podrían hacer con quien cayera en sus manos.
Al sentir tanta maldad, me surge una duda, de esas que prima dice que son rarísimas ¿Qué pasaría si un criminal, de repente se diera cuenta de todo el daño que está haciendo? De la injusticia, de la crueldad, del desprecio al Dios que aun así le da a cada instante, vida.  De los grandes crímenes y de las traiciones pequeñas o de los desprecios, que a veces matan con más sadismo, que mil cuchillos. Al ser plenamente consciente del daño realizado, de la injusticia, le tendría que estallar el corazón, las entrañas  desgarrarse, y la boca secarse de la angustia. Sentir como se ha  alejado del Dios, y ver las heridas que ha provocado culpablemente en su Corazón. Todo lo creado querría machacarlo y él mismo sentiría que eso es lo que le corresponde a alguien tan perverso. Quien tuviera que pagar por su culpa, siendo a la vez consciente del desastre provocado, moriría de la angustia.

 Ya llegamos a casa. Me duermo con un sueño inquieto.




Misión " verde esperanza" Iniciada


 Ya es de noche cuando nos ponemos en camino Hoy toca misión al aire libre, menos mal. Otro día en un sitio como la prisión de ayer, y me quedo claustrofóbico para toda la vida.  Dicto nos ha explicado que recorreremos el camino que va hacia el monte Gólgota o algo así.
Como la luna alumbra un montón, vemos bien el camino.  Hemos pasado cerca de la casa del salón grande en el que colocamos las velitas. En la puerta reunidos un grupo de hombres, de muchachos, conversando, preparados para salir a caminar después haber cenado.

-         Miradlos bien.- nos dice Dicto- Son los primeros de muchos que seguirán los pasos del Señor. Lo dejaran todo, todo, por seguir sus pasos. Por traer  el Señor a la tierra, y llevar las personas a Dios. Miradlos bien. Son solo personas, débiles. Pero serán sus ojos, sus pies, sus brazos. Serán su Corazón en el mundo

Cuando ya  nos íbamos, he visto salir a Jesús agarrado del brazo de su Madre. Se han despedido con un abrazo.Había mucho cariño y a la vez temor en ese adiós. Ella le ha arreglado el cabello mientras le repetía “Vida Mía”.  El quería irse pero a la vez no quería soltar el brazo de su Madre. Al final se han separado

Nosotros a lo nuestro, seguimos nuestro propio camino. Nos acercamos al monte y subimos por la cuesta. Vamos esparciendo las hierbecillas verdes que nos ha dado el ángel.
-         Son hierbas que han sido regadas con obras de caridad, con obras buenas. Con consejos, escucha, sufrimiento, oraciones, compartiendo el pan, el agua, visitando a enfermos, a presos, acogiendo, dando consuelo…. Estas hojitas impedirán en una pequeña parte, que la tierra entre en los ojos del que caiga por el camino, que no escuezan tanto sus heridas. Aunque no evitaran todo el daño, algo amortiguaran el sufrimiento.

Voy subiendo y subiendo, hasta llegar a la cima. Allí también quiero dejar algo de hierba,  pero el ángel no me deja. Dice que aquí la soledad será intensa, no hay compañía que valga. Solo la de su Madre y esa también será dolorosa al ver sufrimiento.

jueves, 5 de abril de 2012

Misión "Sopa de Letras" . Completa

Pido a Dicto, que me lleve a  casa  pasando por delante de la casa del Señor.
Necesito recuperar un poquito de tranquilidad para poder dormir esta noche.

Cuando nos acercamos a la casa, veo que esta vez no hay nadie fuera. 
Así que el ángel, notando mis nervios,  me deja acercarme hasta  la puerta entreabierta y mirar. 

Dentro hay un hombre durmiendo en un rincón  
Entra el Señor en la sala y al verlo vuelve a salir. 
Vuelve a entrar esta vez con una manta. Se acerca y la coloca sobre el hombre dormido.
Él ni lo nota, ni se despierta

Ahora llega María, remueve el pelo del Señor y se acerca al durmiente. 
Coloca bien la manta  y lo arropa

-         ¿Tú crees que este chico volverá? ¿Crees que Judas cambiará a tiempo?- pregunta la Madre

-         Ahora a dormir Mamá, que mañana será un gran día.- le contesta el Hijo

Los ojos del Señor se parecen a los de su Madre, son clavaditos. 
Grandes, oscuros y brillantes. 
Ambos están ahora repletos  de lágrimas que ninguno de los dos deja caer.
Son absolutamente iguales. 






               

Misión "Sopa de Letras". Inicio rápido

Definitivamente, este sitio no me gusta. Huele a trampa, a esclavitud y a terror. Ahora entiendo porque el ángel le ha dicho a Béland que mejor que hoy se quedara en casa descansando, cogiendo fuerzas para mañana. Esto no es para  ella, se asustaría.

Tengo un momento de duda antes de atravesar la puerta de entrada pero el ángel me mira, y yo me decido a seguirle Nada malo me puede pasar si voy con él. Vamos por pasillos y escaleras, bajando. Cada vez es mayor la oscuridad, el frío y la humedad. Cada vez más enterrados. El ángel va abriendo las puertas con sus alas mágicas, las roza y  ellas se deslizan facilitándonos el paso. Pasamos por delante de tres guardianes, pero no nos miran. Creo que eso es también un truco del ángel, les nubla la mirada para que no nos vean. 

Llegamos al sótano más profundo en donde hay una única celda. Las paredes están sucias y húmedas, el techo lleno de manchitas que en realidad son bichos. Solo se mueven cuando oyen el chillido de las ratas que corren por el asqueroso suelo. En las paredes y el techo, unos asideros como para atar caballos O animales O quizás personas.
Aquí el ángel  abre una cajita repleta de letras transparentes. Yo aguanto la caja mientras él cuelga como puede,  las letras de las paredes.
-Son oraciones de penitencia tras una confesión
- Ah- digo yo, como si entendiera algo

Salimos rápido, subiendo escaleras a gran velocidad. Por el camino nos cruzamos con un hombre violento, de mirada despiadada y cuerpo horroroso, crueldad en su cara y  locura en sus gestos.
- ¿Cómo se puede haber escapado un preso, y uno tan peligroso? - pregunto
- No es un preso, es un guardia. Es el encargado de golpear y materializar  los castigos. 
Dicen que es el mejor en su trabajo, el más sádico, el más sanguinario. El que sabe golpear en donde más duele.


         

miércoles, 4 de abril de 2012

Misión "Laguna". Finalizada


Cuando ya nos íbamos, nos cruzamos con unos bichos horribles que entraban en el huerto. Una especie de ángeles podridos. Llevaban unas bolsas que olían a ácido y descompuesto. A su paso el ambiente de huerto encantado, se transformaba en aire hostil y amargo, cruel. Dicto nos comentó que iban a pulverizar el huerto con esencia de  odio,  amargura, crueldad y sadismo. 

Aunque yo quería detenerlos el ángel me dijo que teníamos que dejarlos hacer. Para que no me pusiera triste, me recordó que  Dios puede sacar bien del mayor tormento.

De vuelta a casa, creo que para devolverme un poquito de paz, nos ha hecho pasar por delante de la casa en donde duerme el Señor. Él estaba fuera, en el patio, con uno de sus amigos que le mostraba las redes que había comprado en el mercado.

El pescador emocionado, hablaba de las maravillas de ese tejido, moviéndolo de arriba a  abajo. Y mezclaba la conversación sobre la pesca con comentarios sobre proyectos, reinos,  el valor del esfuerzo, la importancia de la fidelidad y el coraje, y los importantes valores que le había enseñado su padre.

El Señor, sin que él se diera cuenta, lo miraba con mogollón de cariño.  Igual igual, a como me mira mamá cuando le digo que no tenga miedo, que yo la defenderé de los peligros del bosque.

El pescador no lo ha  notado pero yo he visto que la mano del Señor temblaba. Otra vez igual que la patita de mi madre cuando hablamos de peligros y defensa. Ella dice que hasta que no crezca y aprenda en donde encontrar  protección, teme que meta la pata y resulte herido y me pierda. Y que por eso tiembla.
Yo ya sé que los padres y las madres sufren mucho. 

Y hoy ¿a dónde nos llevará el ángel? 

                                                                               

Misión "Laguna". Iniciada.



Ayer al anochecer nos acercamos al huerto. Fue como entrar en un jardín, en un bosque encantado, pero de los divertidos, no de los terroríficos. Noche de primavera, serena, con la luna casi completa que revelaba su vocación de artista pintando de plata las hojas de los olivos. Terreno para explorar, troncos por los que trepar, ausencia de humanos y posibilidad de aullar muy alto. ¿Qué más puede pedir un lobezno?

Béland y yo corríamos entre los árboles jugando a pillar, mientras el ángel recogía unas enormes hojas de un rincón del huerto. Cuando nos llamó, paramos el juego para ir a ayudar.  Entre Béland y yo, cavamos una zanja, más ancha que profunda. En el fondo colocamos las hojas  Solo entonces, Dicto sacó una enorme jarra, tipo termo y la abrió vertiendo todo el líquido, el agua, en el hueco. Ante nuestros ojos, iba apareciendo un mini lago que reflejaba el perfil de la luna y el titilar de las estrellas.

-    - ¿Y esta agua? ¿De dónde sale?
- Son lágrimas. Dolor expresado en agua, que quiere estar el jueves a su lado. Sufrimientos aceptados con alegría y también  padecer asumido a contrapelo. Algunos incluso llegan acompañados de lamentos y quejas al Creador. Pero todos tienen la voluntad de permanecer cerca Dios.

Para finalizar, el ángel nos señaló unas sogas transparentes hechas de oraciones trenzadas. Teníamos que colocarlas enrolladas unas sobre otras, formando una montañita de cuerdas.
Servirán  para que pueda apoyar la mano, y así no desplomarse cuando  las fuerzas lo abandonen.




      


martes, 3 de abril de 2012

Misión "Lucecitas". Completada

De vuelta a casa, en un cruce de caminos, vemos alejarse por uno de ellos, al Señor y a su Madre. Ya oscurece y ellos también se retiran a descansar. Van paseando, hablando a ratos, contemplando siempre.

Alcanzamos a escuchar como El le pregunta a su Madre, en tono inicialmente serio y al final  más que divertido,

-      Lo de perfumarme los pies, ¿habrá sido idea sólo de ella? Quizás sí pero, ¿tú crees Mamá, que alguien la habrá apoyado para vencer el miedo a las críticas y a las envidias?  ¿Quién la habrá animado?  

Él mira de reojo a su Madre.
Ella se sonroja y estalla en una risa franca.
El la abraza por la espalda, estrujándola por los hombros y le estampa un beso en la mejilla.

Sopla un poco de viento. 
Es el aire que, intuyendo que la alegría se acaba,  quiere bailar al son de estas últimas  risas. 


                                 
    



                                             

Misión "Lucecitas". Inicio.


Nos colamos en la casa, aprovechando que han dejado la puerta abierta mientras van entrando cajas repletas de  alimentos. Parece que Dicto, el ángel, ya conoce el lugar porque se dirige directamente y sin titubeos a la sala grande.

- Pronto vendrán a arreglarla y nosotros tendremos que irnos. Hemos de darnos prisa. –  comenta Dicto.

Más vale que aceleremos, antes de que entre alguien y se encuentre con el  ángel y  nosotros, los dos lobeznos, decorando el comedor a nuestra manera.  
Dicto abre su bolsa y deja junto a Béland dos botellitas, una dorada y otra plateada. Extrae después un montón de lamparitas de aceite que va colocando en el suelo. Béland las va rellenado con el aceite de las dos botellitas. No sigue ningún orden ni patrón, que para eso mi prima siempre ha sido muy independiente. Yo agarro las que ya están llenas  y subiéndome  a unos troncos, las coloco sobre una repisa.
Quedan bonitas alineadas. Quedaran preciosas una vez encendidas

Dicto mientras trabaja, canturrea. De tanto en tanto, se para, nos mira, y nos explica algún detalle de la misión que estamos realizando. Béland y yo nunca preguntamos.
Nos cuenta que ese aceite que estamos colocando en las lámparas, es un aceite especial
El de la botellita plateada  está hecho de vida y alegría. Recoge toda la ilusión del momento de dar a luz, del calor de la luna de miel, de la claridad del buen consejo, de la luminosidad del consuelo y la paciencia, de la chispa del enamoramiento, del resplandor del cariño a los enfermos, del brillo de la entrega de los sacerdotes, de la llamarada del sufrimiento...

- ¿Y el aceite de la dorada?
-  Ese aceite está confeccionado con los latidos de los corazones que se acercan al Señor disfrazado, para hacerle compañía un rato.

Añado una nueva cuestión en mi lista de preguntas a realizar cuando acabemos la “Operación Vida”: averiguar quien es ese Señor disfrazado.
Imagino que será el que hemos visto esta mañana entrando en Jerusalén. Lo que no entiendo es como piensa disfrazarse. Ese Hombre desprende tanta vida que le va a resultar muy difícil esconderse. El disfraz tendrá que ser muy especial o será demasiado fácil descubrirlo.


-         ¿Y quién encenderá las lamparitas?
-     El amor que se derramará en esta sala, será el mayor que jamás se haya contemplado en corazón humano. Ni el de una esposa, ni el de un esposo, ni el de una madre, ni el de un padre. Ni siquiera el vicioso ama a su vicio como Dios ama a esa persona
-         ¿A qué persona?
-         A esa persona por quien lo dará todo.

No sé quien es esa persona. ¿Serán todas? ¿Será cada una y por eso habla en singular?

-         Vale, pero ¿quién encenderá las lamparitas? ¿Quién hará arder el aceite?

Dicto sonríe, pero no me contesta
Sigo entendiendo poco, pero suena bonito.




      

lunes, 2 de abril de 2012

Misión "Peinado" concluida.


El ángel  nos ha venido a recoger a casa. Antes de continuar nuestra misión, pasamos por la entrada de la ciudad, esa que arreglamos ayer.
Tanta gente hace imposible ver que sucede. Mueven ramas, corren, cantan y gritan saludando eufóricos a alguien que entra en la ciudad subido en un animal. 
El ángel, al notar que todos nos tapan la visión, nos roza con sus alas indicándonos una pequeña pendiente desde donde podremos ver que sucede.
Béland y  yo corremos hacia la pequeña montañita. ¡Sí, desde aquí la visión es genial¡  
Pero no hemos llegado a tiempo. El Hombre ya ha pasado y solo alcanzo a verlo de espaldas.
De repente se gira, y observa las florecillas que hemos plantado. 
Inspira profundamente. ¡Cómo  me alegro de haber limpiado con las plumas, el ambiente de odios e injusticias¡

Baja del animal y se acerca a la flor que muestra sus raices y esconde sus flores en la tierra Con un rápido gesto, extrae las hojas de la tierra y la coloca de forma correcta. 

El Señor mira hacia nosotros. Nos mira a Béland, a Dicto y a mi. 
¿Nos caerá bronca por la planta mal colocada? Mi pequeña prima tiembla

En la cara del Señor aparece  una sonrisa. Dedica una mirada especial a Béland.

-- Gracias a los tres por traerme la compañía de mis amigos, de los que querrían estar aquí.- dice el Señor muy bajito, casi susurrando-  Sus mensajes, sus palabras, su apoyo me llegan a través del aroma de estas flores, me reconfortan. 
Béland, no tengas miedo. Estoy contento. Aunque a veces no te des cuenta, siempre, cada trabajo lo hacemos entre los dos, entre tú y Yo. Así es más divertido ¿verdad?

Una chispa de travesura y caramelo resplandece en los ojos del Señor. 
Por un momento, la ternura vence al dolor que va invadiendo su mirada.
Nadie de los que está a su alrededor lo ha oido, pero nosotros que tenemos el oido muy sensible hemos captado perfectamente sus palabras.

El Señor nos guiña un ojo, se gira, y sigue su camino.

Dicto nos acaricia con las alas, para animarnos a ponernos ya en marcha
Hay que seguir con la “Operación Vida”, en una nueva misión.
                                     

                                                            

                      
                                                    
               

Misión "Peinado" iniciada.


Hemos llegado a la gran ciudad. Se nota que se acerca una fiesta grande, el ir y venir de la gente es agobiante. Personas que suben y bajan, buscan local para la celebración, compran y venden alimentos, alquilan  mulas, ríen, lloran, cantan, reciben a los familiares, acogen a los peregrinos, prepararan los vestidos….
El ángel nos ha dicho que es mejor esperar un poquito a que oscurezca, y la gente se retire a sus casas. Aun no tengo claro que es lo que hemos venido a hacer, pero ya estoy emocionado. Mientras esperamos, le ponemos  nombre a este proyecto, a esta operación que durará más de un día.  Se llamará “Operación  Vida”
Se acerca la noche. Dicto avanza, yo le sigo, y detrás mío corretea Béland. Nadie nos ve. Nos acercamos al camino que introduce a los peregrinos en  la ciudad, a la entrada.
De repente, en el brazo de Dicto aparece una mochila de la que saca un ramo de plumas grandes y blancas . El ángel extrae una del ramo, se agacha, la acerca al suelo y mil basurillas se enganchan en ella.  
Levanta la pluma. En un instante resplandece y todos los desperdicios que lleva enganchados se convierten en perlitas y pequeños brillantes. Suelta la pluma y se va volando navegando por el aire, siempre en dirección a lo más alto del cielo.
No he podido ver que eran esos desperdicios que ha recogido pero imagino que son restos de comida, trocitos de tela, cuentas, cabello de animales, basurilla… Todo eso que queda en el suelo, en los sitios de tránsito o encuentro de multitudes.

Emocionado, miro al ángel, él asiente con la cabeza, y yo agarro una pluma del ramo e imito sus gestos. En mi pluma se enganchan, oh sorpresa, palabras hirientes, cotilleos, mentiras, miradas deshumanizantes, golpes, usura, cambios incorrectos, pensamientos que humillan al Creador, desesperanzas, caricias mal situadas, golpes de genio, odios… 
Todo eso rondaba por la entrada de la ciudad, y yo ni lo había visto.
Todo eso puede hacer daño, mucho daño a las personas.
Más daño que un cristal roto o un puñal lanzado al aire.
Todo eso ¿podría  herir de muerte el corazón de un Dios hecho hombre?.

Cuando la pluma está completa, repleta de esa basura, la levanto. Toda la porquería que lleva enganchada, se transforma en pequeñas piedras preciosas. Me quedo tan embobado que tiene que venir Dicto para recordarme que tengo que soltar la pluma y dejar que suba volando al cielo.

Mientras agarro una nueva pluma el ángel me cuenta que cada una de ellas corresponde a los sacrificios y penitencias, activas y pasivas, de los cristianos. Estoy tan encantado con este trabajo que prefiero no parar a preguntar que son penitencias ni que son cristianos  Deduzco que penitencias son una moneda o joya,  más valiosa que el oro y la plata. Cristianos serán  personas con mucho poder, que fácilmente pueden disponer de esas penitencias con las que comprar las plumas mágicas que transforman la basura en joyas que suben al cielo.

Los tres, Dicto, Béland y yo, estamos tan concentrados recogiendo los desperdicios, que nos sorprendemos al alzar la vista y ver que ya no hay ramo, no quedan  plumas con las que limpiar el ambiente.
El ángel vuelve a abrir la bolsa y esta vez saca una pequeña planta con florecillas blancas y azules. Se acerca a la pared de la entrada y la planta.

No hace falta que me diga nada, yo soy muy espabilado. Así que a la que veo que vuelve a meter la mano en la bolsa, me pongo a escarbar para preparar el agujero en donde introducir una nueva planta. Beland agarra la planta, la coloca en el hoyo y entre los dos la cubrimos de tierra hasta dejarla bien colocada.  
Cada florecilla, según me ha dicho Dicto, es un piropo de un cristiano. Sigo sin poder confirmar que raza o clase de persona es un cristiano.
Seguimos plantando,  una plantita y otra y otra.
Busco con la mirada a Béland, lleva demasiado rato en silencio. Está estirada, al lado de una planta, durmiendo. Esa última la ha plantado al revés, con las raíces hacia arriba, y las hojas sumergidas en la tierra. 

 Acabamos que ya es media noche. Voy a colocar bien la planta del revés  de Béland pero el ángel me dice que la deje, ya toca volver a casa. Despertamos a Béland para regresar. 

Antes de irnos, nos paramos para observar como ha quedado el camino de entrada. No alcanzo a ver si ha quedado basurilla por recoger, si se hubieran necesitado más plumas.
De todas formas, la entrada de la ciudad, ha quedado más limpia, cuidada y con el aroma a cielo que desprenden las  humildes florecillas.

Nos vamos a casa, siempre acompañados por Dicto. Nos promete que pasaremos por aquí mañana, camino a nuestra nueva misión.

     

                                           
                                                       
                                        
                                                                      

Soy un lobezno. Operación "Vida"


Mi mamá me ha enseñado que lo primero es presentarse, y como yo siempre, o casi siempre, le hago caso, empezaré esta historia, como un lobo digno hijo de su madre.
Me llamo Carbel, soy un lobezno de pelo negro con mechas plateadas, ojos azabaches, muy brillantes, y, según mi madre, un precioso terremoto. Ella, Teal, es la loba más valiente y hermosa del mundo.

Hace una semana le pregunté a mi tía porque mamá es tan estricta y nunca me deja alejarme  para poder investigar el mundo por mi cuenta.
Mi tía es de pocas palabras, pero es la que más conoce a Teal y la única que podía darme una pista sobre sus razones. Me susurró que tiene que ver con el hermanito que murió hace un par de años, pero que no me preocupe,  poco a poco me irá soltando

Por eso hoy, cuando ha venido ese ángel que me ha acariciado la cabeza y me ha preguntado si, previo permiso de mamá, querría acompañarle en una misión muy importante, le he pedido en silencio pero casi gritando al Creador, que le diera un empujoncito a  Teal  y así conseguir  ese tanto de libertad que ya me corresponde.

Yo quería que fuera el ángel el que hablara con ella, pero él me ha dicho que esa era mi primera misión. Sin tenerlas todas conmigo, he corrido hacia ella, le he preguntado y sorprendentemente me ha dicho que sí, que podía ir con el ángel, pero que no me alejara de él. Y que nos lleváramos también a Béland, la pequeñaja de mi prima, que es todo ternura y un tanto trasto.

Me queda la duda de si el cambio de opinión se debe a que mi tía ha hablado con ella o a una complicidad que me ha parecido observar entre la mirada de mamá y la del ángel, que esperaba su respuesta, un poquito retirado. Si encuentro el momento, le preguntaré al espíritu alado si conocía de antes a mamá

Mañana seguimos.
Ay, me olvidaba. El amable ángel se llama  Dicto. 


miércoles, 21 de diciembre de 2011

Intuición 4a parte y última

Cerró los ojos para poder percibir mejor.

Se intuía claramente el Amor de un Dios que se estremece con nuestro miedo.
Y tanto lo siente que no puede permanecer quieto en el cielo. Y se acerca.
No manda un mensajero que nos suba directamente arriba. 
El personalmente baja y nos busca en nuestra miseria. 

Para que ya  nunca, jamás de los jamases,  pase lo que pase, podamos dudar de su acogida, de su inmenso abrazo.


Abrió los ojos. Besó los pies del Niño. 
Se levantó  para hacer la lista de la compra de Nochebuena.
En su cara, asomaba una leve sonrisa. Porque el Amor de todo un Dios, contagia esperanza aun en las penas.

     

Intuición 3a parte

Sola, en el comedor, pensaba.
¿Qué sentido tenía esa Navidad? ¿Cómo celebrar Nochebuena con tanta tristeza?

Su mano, temblorosa y vacilante, siguió deslizándose por la mesa, hasta que tropezó con una tela. ¿Y eso?
Ah, era el manto de la imagen de la Virgen, la Madre que arrodillada contemplaba al Niño.
El manto de la Señora condujo su mano hasta la del Pequeño. 
Sus dedos grandes rozaban los dedos pequeños

La mano de ella temblaba de miedo.
La del Bebé,  parecía temblar de frío.

    

martes, 20 de diciembre de 2011

Intuición 2a parte

Solo después de oir la puerta, ahora que ya se había marchado, se permitió desplomarse.
Vencida, se sentó juntó a la mesa, e instintivamente movió la mano, como para coger la de Fernando.
Pero el roce de la mesa era liso y constante, no habían dedos grandes y viejos que interrumpieran el movimiento.
Sin él, fallecido hacía un par de años, todo se le hacía aun más cuesta arriba. Aunque quizás así era mejor, vete a saber como hubiera reaccionado.

Como era habitual en ella, no pensó en buscar culpables, al menos en buscarlos fuera.
Le daba vueltas y vueltas a todo lo que ella habría podido hacer y quizás hubiera evitado ese desenlance. Vueltas y vueltas y más vueltas, hasta llegar a conclusiones absurdas.
Que si podría  haber ayudado más a su hija, quedarse más tiempo con los nietos, facilitarles la vida, darles parte de su pensión o "venderles" su piso, hablar más con el yerno, con los consuegros...
Tal vez educar a su hija  de otra manera, más estricta o más suave. No sabía como, pero de otra manera.


   

Intuición 1a parte

Esperó hasta oir el golpe atenuado de la puerta de entrada.

Habían pasado tres horas desde que su pequeña, su niña aunque ya madre de dos adolescentes, se había presentado con el rostro desencajado.
Ella, su madre, ya abuela, conocía bien esa mirada triste, ese balbucear que dudaba entre esconder la amarga noticia o hacerla estallar sin controlar los daños.

Tres horas habían pasado hablando, llorando, intercalando tazas de te con pucheros y aprovisionamento continuo de clinex. Combinando abrazos con alguna escasa pregunta, mucha escucha y toneladas de cariño.

A cinco días de Navidad, su hija le contaba que su marido ya no dormía en casa. No sabía si vendría a cenar con todos por Nochebuena.
Esta vez la grieta entre los dos, era muy grande, enorme.
Su hija, desconsolada, no veía posible arreglarla.

 

         

martes, 29 de noviembre de 2011

Oscuridad

Primo segundo. Vive en la gran ciudad, y está visitando a la familia de la montaña.
Han acabado de cenar. Sale fuera. Tiene un deseo.

Anhela ver el brillo plateado del sol, sobre el perfil de la luna.
Contemplar el temblor de las estrellas esparcidas por el cielo.
Y ya de madrugada, asombrarse al ver aparecer, entre la densa  oscuridad, esa bola fuego.
Ver como el sol pinta  la negra noche de azul, amarillo y rojo.

Dentro, la familia recoge.
Desaparece la claridad del fuego de la chimenea. Las sombras ganan terreno.
La lámpara del comedor, que iluminaba parte de la noche, se apaga.
Solo alumbran  los dos farolillos externos

Fallan los fusibles. Las luz desaparece.
La oscuridad vence, y  todo se vuelve negro.

Las tinieblas se le representan repletas de dolor, incertidumbre y golpes en potencia.
Cierra los ojos para tranquilizarse.
Se imagina una sala llena de luces, lámparas y bombillas que le protegen.

Le dicen que aproveche para disfrutar de la luna y las estrellas.
Sólo tiene que abrir los ojos y esperar a que la vista se acostumbre.
Al principio cuesta. El premio final es contemplar un espectáculo fabuloso.

Ansía ver el perfil de la luna reflejando la luz del sol.
Contemplar el temblor de las estrellas esparcidas por el cielo.
Asistir al despertar del sol.

Pero el miedo cierra sus ojos.
No confía.