Su madre ha tenido que volver al pueblo para cuidar a la abuela enferma.
Así que la pequeña Teresa lleva una semana en casa de la Señora, y aun se quedará una semana más. Hasta que vuelva su madre.

Esta mañana las he oído cantar mientras envolvían con infinito cuidado, una lámpara de aceite.
A media tarde han salido las dos, Señora y niña, en dirección a la casa de los del cabello rojo. Esa familia es un iman de desgracias. No salen de un problema que ya tienen tres esperando en la puerta.
La Señora y la niña al irse de aquí, cargaban con un gran paquete. Han vuelto ligeras, sin él.
Atardece. Oscurece
Teresita pregunta por sus lámparas. María contesta que la que han dado a los del cabello rojo, era la única que tenían. Ellos la necesitaban más. Mañana ya conseguirán otra; esta noche toca penumbra
- ¿A oscuras? ¿Cómo los más pobres que no tienen ni lámpara?
- A oscuras, sí. Pero estás conmigo
- ¿Y si oímos ruidos por la noche?
- Si oyes ruidos, recuerda que te cuido.
- ¿Y las flores que hemos recogido volviendo?
No nos da tiempo de hacer ramitos y colocarlas en agua, antes de que anochezca.
Y sin agua, mañana estarán mustias
- El ramillete lo haremos ahora.
Mientras quede un rayo de luz, podremos ir combinando sus colores.
Cuando oscurezca, nos guiaremos por sus aromas.
Verás mañana. A la luz del día, te sorprenderás al ver la preciosidad de ramilletes que habremos formado.
- ¿Y si viene un monstruo?
- No hay monstruo que pueda hacer daño a las hijas del Señor.
- ¿Y si está noche llega Jesús y como está oscuro no lo vemos?
- Le daremos un gran abrazo y le cantaremos. No necesitamos luz para eso.
- ¿Sin luz toda la noche?
- Sí, princesa. Esta noche, sin luz toda la noche. ¿Quieres?
La mano de Teresita agarra fuerte la de María.
- Vale. Si así me quedo contigo, yo también quiero sin luz toda la noche.
Antes de que se esfume la poca claridad que queda, alcanzo a ver sus dos preciosas sonrisas.