Escuchar cuando habla del Padre.
Con cuanto cariño, con cuanto respeto, con cuanto orgullo, con cuanta consideración.
Incluso cuando habla de su muerte, cuando presiente el dolor de ese día, recuerda que el Padre no le va a dejar solo.
Dice mi padre que cuando escucho a ese hombre hecho y derecho, hablar con tanta admiración y entusiasmo de su Padre, no pudo más que creer.
Buenos días Miriam. Es cierto, he de prestar más atención a esos detalles trinitarios. Un abrazo.
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