Llego un rato antes de Misa, para poder confesarme.
Somos muy poquitos en la iglesia, cuatro o cinco personas.
Cojo un cantoral para que me ayude a acabar el examen de conciencia. ¿Cantando? Noooo.
Con la oración al Espíritu Santo, que en el librillo aparece como canción pero yo que no , que no la canto. Yo la recito por dentro.
Levanto la cabeza del libro y veo entrar a unos conocidos, matrimonio.
Me levanto toda yo para ir hacia el confesionario. Dejo el cantoral sobre el banco.
Pienso en saludar a la pareja pero después, una vez haya sido perdonada.
Salgo del confesionario, limpita gracias a Dios.
La pareja ya no está.
Sobre el cantoral que he dejado en el banco, reposa una estampa- punto- de- libro con la imagen de Juan Pablo II , Juan Diego y N.Sra.Guadalupe (la mejicana).
Cojo la estampita, la miro, miro alrededor. ¿Será para mi?
Las tres imágenes tienen un sentido muy especial para mi. El matrimonio que ya no está, lo sabe.
¿Me la habrán dejado ellos?
Me quedo en Misa. Acaba y nadie ha venido a buscar ni a reclamar la estampita .
Así que, toda feliz, me la llevo, convencida de que me la han dejado ellos, la pareja, para mi.
Salgo de la iglesia, limpita y con lo que para mi es uno de mis regalos de Pentecostés.
Le mando un mensaje a ella dándole las gracias.
No me contesta. Glups.
El jueves la veré en una conferencia y se lo preguntaré, así, en directo.
¿Habrán sido ella y su marido los que dejaron la estampita?
Va una pareja por la calle y aparece un secuestrador que la dice a la mujer: