No sé porque siempre sale a su encuentro cuando el sol está así, como de lo más alto.
Incluso en verano, cuando a las doce el aire quema como el fuego.
A veces también sale de mañana o a última hora de la tarde.
Incluso en verano, cuando a las doce el aire quema como el fuego.
A veces también sale de mañana o a última hora de la tarde.
Lleva un cántaro con agua y una bolsa con un poco de pan.
Se dirige hacia el campo, ese que está al este. Ése que trabajan los chavales. Ellos, a la que la ven, dejan lo que están haciendo, se pasan las manos por la ropa, intentando limpiarlas y se acercan a María.
La saludan.
Ella los acoge con su sonrisa.
Antes de empezar, hacen como Ella les ha enseñado, dan gracias al Señor por la jornada y por los alimentos.
La saludan.
Ella los acoge con su sonrisa.
Antes de empezar, hacen como Ella les ha enseñado, dan gracias al Señor por la jornada y por los alimentos.
Después, se sientan sobre unos troncos y en apenas cinco minutos dan buena cuenta del agua, del pan y le relatan las cuatro anécdotas, alegrías o preocupaciones del día. Ella les recuerda que Dios es un Dios que salva. Ellos la escuchan
Al acabar, todos vuelven al trabajo. Hay mucha necesidad, son muchos los impuestos, y hay que trabajar cada vez más.
A veces, alguno se desmarca, y la acompaña un rato por el camino de vuelta. Le lleva el cántaro y la bolsa vacía y aprovecha para hablar con la que dicen es como su Madre.
En el pueblo, hay quien no comprende porque María dedica ese esfuerzo por un escaso momento de descanso de los chicos.
En el pueblo, hay quien no comprende porque los chavales paran el trabajo para recibir a la Señora. Es demasiado el trabajo, poco el tiempo de una jornada, y habría que aprovecharlo al máximo.
En el cielo, todos entienden que esos cinco minutos airean el alma de los chavales, alimentan su confianza, les centra la vista en el cielo y les mantiene los pies en el suelo.
A veces, alguno se desmarca, y la acompaña un rato por el camino de vuelta. Le lleva el cántaro y la bolsa vacía y aprovecha para hablar con la que dicen es como su Madre.
En el pueblo, hay quien no comprende porque María dedica ese esfuerzo por un escaso momento de descanso de los chicos.
En el pueblo, hay quien no comprende porque los chavales paran el trabajo para recibir a la Señora. Es demasiado el trabajo, poco el tiempo de una jornada, y habría que aprovecharlo al máximo.
En el cielo, todos entienden que esos cinco minutos airean el alma de los chavales, alimentan su confianza, les centra la vista en el cielo y les mantiene los pies en el suelo.
Buenos días Miriram. Bien merece cada invocación litánica tan bellas entradas marianas.Madre nos recuerda eso tan importante que en harinas y faenas casi olvidamos.Un abrazo.
ResponderEliminarLos cinco minutos mejor invertidos del día.
ResponderEliminarLeo estas entradas últimas tuyas, leo y mi imaginación va viendo al mismo tiempo lo que cuentas... veo a María aqui y allá, en donde nos narras y la veo siempre igual... con una sonrisa y siendo sobre todo MADRE y se me ensancha el corazón...
ResponderEliminarGracias !
Un abrazo.